La expresión latina más repetida durante siglos: ‘Mens sana in corpore sano’. Usada dentro del ámbito del bienestar humano y la salud significa, a grandes rasgos, que se tenga una mente sana en un cuerpo sano.

Esto es, para entender más aún si cabe, que se relaciona el buen estado físico, que incluye practica de actividad física y alimentación, con nuestro estado mental.

Aunque bien es cierto que lo que se entendía cuando surgió la expresión en el siglo I y II d.C. no tiene mucho que ver con lo que se comprende actualmente.

El valor que le damos hoy día a la vida activa y al bienestar personal y físico es diferente y las variables de nuestro estado emocional también porque hay factores como la vida diaria del siglo XXI que dicta mucho de la que se refiere a los primeros siglos d.C.

Hoy optamos por tener una dieta saludable con alimentos que sean más sanos y que hagan “bien” a nuestro organismo.  Los productos derivados de vegetales, los modos de cocinar sin grasas como las freidoras de aire, las opciones veganas… todo hace que se mejore nuestro estado físico.

Esto, a su vez, puede derivar en una óptima condición mental y que se cumpla la profecía de la expresión latina universal.

Pero, como todo, tiene que trabajarse a diario para conseguirlo.

Mantener el cuerpo en buenas condiciones y la mente es fácil si se lleva un continuo mantenimiento de los mismos. Si no, si el combustible para su buen funcionamiento falla, careceremos de ese balance idóneo para vivir bien.

Una de las cosas que podemos hacer para que funcione bien es revisar qué comemos. Si nos evitamos carbohidratos refinados y azúcares podemos favorecer la eliminación de ansiedad y malestar físico.

Optemos por ingerir frutos secos, lácteos, aguacates, fresas y alimentos ricos en vitaminas del grupo B para fortalecer el sistema nervioso, consiguiendo así mantener el estado de ánimo alto y la motivación.

El omega 3 de los pescados azules también son buena opción porque nos ayudan a mantener bajos los niveles de estrés y estimula el desarrollo cerebral.

Y no podemos olvidar realizar ejercicio físico como herramienta complementaria a la alimentación para un correcto cuidado del cuerpo.

Con esta práctica conseguiremos, además de una mejor condición física, que nuestro cuerpo aumente la sensibilidad a la adrenalina, que nos ayuda a sentirnos mejor porque evitaremos dolores musculares, malas digestiones, mareos, taquicardias, etc.

Finalmente, y realmente importante, es el óptimo descanso. Tanto nuestro cuerpo como nuestra mente precisan de una correcta desconexión para reparar físicamente el esfuerzo realizado y reforzar o desechar las conexiones neuronales establecidas durante la vigilia.

Básicamente debemos reponer energías para tener un rendimiento diario idóneo.

Así que no olvides prestar atención a tu cuerpo y a tu mente, como bien reclamada la expresión latina ‘Mens sana in corpore sano’ para vivir más y mejor.